El descanso del guerrero

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Después de todo el día metiendo cosas en cajas, limpiando, metiendo cosas en cajas, limpiando, bajando cajas 3 pisos a pie, llenando el coche, viajando 50 km, llevando cajas hasta el ascensor y metiendo cajas en el piso, puedo decir que estamos cansadísimos. Como ya sabéis, estamos en casa de mis padres estos días, hasta que terminen de arreglar el piso. No os podéis imaginar las ganas que tenía de darme una ducha y de coger el sofá…

Y aquí estamos, Míster M y yo disfrutando de él, sobre todo porque estamos solos, así que estamos aprovechando el silencio y la tranquilidad para leer y escribir; porque, aunque tenga trabajo, hoy no puedo hacer nada de lo cansada que estoy. Por aquí (por València) sigue haciendo calor, no nos da ni un respiro. ¡Con lo poco que me gusta! Espero sinceramente que esta semana llueva, no sólo porque me guste la lluvia y refresque, sino porque si llueve mi maridito no va a trabajar y podremos avanzar muchísimo más con la limpieza del piso. Incluso podríamos hacer antes la mudanza (la de los muebles).

Sí, nos mudamos con muebles. En los últimos 5 años nos hemos mudado 3 veces: la primera, para irnos a vivir juntos; la segunda, al que en un futuro muy próximo será nuestro ex piso; y la tercera, la que estamos llevando a cabo. Nuestro primer nidito venía sin muebles, así que nos los tuvimos que comprar. De ahí que ya los tengamos. Nos faltaban armarios (que los hemos comprado para el de ahora). Llevarse los muebles detrás tienes sus pros y sus contras, a ver si algún día hago un post sobre ello.

Bien, veo que me he desviado un poco del tema: la mudanza y nuestro cansancio. Cuando hemos entrado en casa de mis padres, nos hemos encontrado con una serie de catálogos de tiendas de muebles y decoración que mis padres nos han recogido para que los veamos, jejeje. Y yo, cuando tengo un rato, me miro el catálogo de Ikea, aunque en realidad es por si hay alguna cosita que nos encante, porque tenemos todo lo necesario.

Contamos que el lunes que viene podremos dormir, por fin, en nuestra casa, aunque aún tengamos que deshacer cajas o incluso comprar la lavadora (es lo único que nos queda por comprar porque en la última casa había). Míster M está que no se lo cree y la verdad es que da gusto verlo tan contento (incluso canta). Es que parecía que se iba a hacer interminable lo del piso, ya que el albañil y compañía se han tirado 15 días para poner un tendedero. El electricista, en cambio, en un día ha solucionado todo lo que le pedimos. Ahora sólo queda que llegue la mampara para la ducha (el dueño nos ha dicho que llegará mañana), que la pongan, que revisen las persianas y que pinten los lados de los nuevos enchufes. Después, tocará limpieza a fondo. ¡Qué miedo! 😉

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