Trabajar desde casa

¡Buenos días y feliz sabado!

Espero que estéis disfrutando del día. Por aquí está nublado y refresca (¡por fin!), y yo estoy encerrada en casa trabajando. Y es que cuando uno trabaja desde casa no es tan bonito como piensa la gente. Estoy harta de los comentarios rollo: “ah, bueno, pero trabajas desde casa, puedes hacer lo que quieras”, “trabajar desde casa es menos cansado y puedes parar cuando te apetezca”, etc. Y sí, claro que puedo parar cuando me apetezca, pero resulta que lo hago cuando lo necesito. Llevo todo el verano igual, sin salir prácticamente de casa. No sólo porque no sé hasta cuándo va a durar la campaña y hago tantos encargos como puedo, sino sobre todo porque trabajo, trabajo y trabajo y siempre pienso que no avanzo, que no hago nada cuando, en realidad, no paro desde que me levanto hasta la hora de cenar (algunas veces incluso he trabajado después de cenar). Y otra vez sí, me puedo coger unas horas para ir, por ejemplo, al médico, pero después las recupero con creces.

No me quejo, me gusta mi trabajo, incluso con el estrés que supone no saber hasta cuándo va a durar, o el hecho de saber que hay trabajo de lo mío durante 6 meses al año (al menos mucho trabajo, como para no parar). Sólo digo quel, a diferencia de lo que se suele pensar, trabajar en casa no es tan perfecto. Aunque yo lo prefiero: he trabajado en sitios con mucha gente y he visto cómo algunos no hacían nada y los que hacíamos teníamos que cargar con su trabajo. Esto, por ejemplo, trabajando desde casa no me pasa: me pagan por el trabajo que hago yo, no por el mío más el de algún compañero. Además, me gusta ir a mi aire, escuchar música… y eso en una empresa es difícil tenerlo y hacerlo.

Hoy ha venido mi sobrino (está para comérselo) y he parado una horita más o menos para estar con él: se ha dormido en mi regazo. Claro está que esto no podría haberlo hecho si hubiera estado trabajando en una empresa, pero también os digo que yo no tengo fines de semana: trabajo sábados y domingos. Esto, como todo, tiene sus pros y sus contras.

Y hablando de pros y contras, ayer M. y una servidora fuimos al piso nuevo a montar un armario en la cocina. Fuimos tarde porque ahora M. está acabando el máster y se le echa el tiempo encima. Él, iluso (ya se lo dije), quería montar ese armario y el de la habitación, que pesa 120 kg: “media hora cada armario”, decía. Al final nos tiramos casi 3 horas para montar el de la cocina, ya que las puertas nos dieron algún que otro problema, pero al final desistimos: mañana, más y mejor. Mañana vendrán mis padres a ayudarnos a montar el armario de la habitación y miraremos qué podemos hacer con el de la cocina. Ya os contaré cómo ha ido.

En el piso ya nos han puesto la mampara y las persianas bajan y suben, aunque se quedan enganchadas en algunos puntos. Se lo tenemos que decir al albañil, porque, aunque así podemos entrar a vivir, o lo arreglan ahora o ya no vamos a arreglarlo, que estas cosas siempre pasan. Eso sí, yo no sé cómo pueden ensuciar tanto para poner una mampara, me quise morir cuando entré y vi el desastre. Me sabe mal hablar así, pero son unos auténticos cerdos, al menos estaría bien que limpiaran un poco la mierda, ¿no? Nada, que mañana nos va a tocar volver a limpiarlo todo y dejarlo listo para traer los muebles el martes.

Paciencia… 😛

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