Nuestra boda (IV): el pelo o cómo odiar a alguien para siempre

Lo del pelo merece un post propio, y es que llegué a odiar a la peluquera. Bien, aunque aún no lo haya contado, aprovecho ahora y lo hago, decidimos contratar a un solo fotógrafo, ni vídeo queríamos, así que no tuvimos sesión previa a la boda en las casas. Entre otras cosas porque M. iba a dormir en nuestro piso pero se iba a vestir en casa de la suegra de su hermano. Yo, tenía manicura, maquillaje y peluquería en el pueblo y de allí íbamos al piso a vestirnos en familia. Así que iba a ser un lío y decidimos no contratar esa parte.

Para M. todo fue genial, excepto porque la suegra de su hermano, sin que nadie se lo pidiera, le planchó el pañuelo que tenía que llevar en el bolsillo, ya que estaba arrugado. ¡Claro que lo estaba, porque era ASÍ!

En mi caso, el pelo fue un desastre. A ver, esto también lo tenía claro desde el principio: quería un recogido a un lado y una trenza pequeña por la parte de arriba. Compramos unas flores artificiales que parecían de verdad de color blanco para que recorrieran, discretamente, el final de la trenza y el recogido informal (un poco deshecho). Como tenía el pelo larguísimo, la señora peluquera decidió cortármelo un poco, ya que, según ella, sería lo mejor. Pues nada más lejos de la realidad: yo creo que lo cortó demasiado y no aguantó el peso.

El caso es que desde el pueblo hasta la ciudad donde nos casamos hay más de media hora en coche. Pues bien, a los 10 minutos de viaje, se me cayó el recogido. Y ahí me tenéis, en el coche, sin poder volver porque se nos hacía tarde, acabadita de maquillar, maldiciendo a la peluquera y cayéndome lágrimas de la impotencia. Empezaba bien el día. Mi padre intentaba tranquilizarme y me decía que no pasaba nada, pero sí que pasaba: tres meses preparando el día de nuestra boda y empezaba así de mal.

Mi madre lo intentó arreglar, pero no lo conseguimos, así que al llegar acudimos a una peluquería de la ciudad y me lo intentaron arreglar con unos cuantos ganchos más. No entendían que una peluquera me hubiera hecho ese desastre. Las chicas me lo arreglaron sin cobrarme, no como la primera que no nos devolvió ni un céntimo de los 60 eurazos que le pagamos. Eso sí, ni mi madre ni yo pensamos volver a su peluquería y no le estamos haciendo muy buena publicidad.

Antes del baile ya tenía el pelo otra vez deshecho, pero era normal: entre que se cayó un poco porque estaba mal desde el principio y que el día de nuestra boda fui especialmente cariñosa (ya lo soy mucho) e iba regalando abrazos a todo el mundo… pues el pelo se resintió. 😉

Al final, el día empezó mal pero acabó estupendamente. Y es que ya lo dice mi tío: “Nunca te veas con buenos principios”. Lo del pelo ha quedado como una anécdota más y el día de nuestra boda como uno de los más felices de nuestras vidas.

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8 thoughts on “Nuestra boda (IV): el pelo o cómo odiar a alguien para siempre

  1. Hija, menuda faena lo del pelo, anda que ya le vale a la peluquera!! A mí en la mía la verdad que fenomenal, lo malo fue que caía un chirimiri tonto de este que me daba miedo que se me encrespase…pero kilos de laca y solucionado!! Es imposible llegar con el pelo intacto pero vamos seguro que fuiste guapisisisisisima!! 🙂

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