Mi padre

Hoy M. ha estado, y sigue estando, fuera trabajando todo el día, así que he pasado el día en casa de mis padres y, aprovechando que estaba yo, Sobri se ha quedado hasta la hora de comer con nosotros. Me gustan tanto estos días… aunque echo mucho de menos a M., acostumbrados como estamos a pasar casi todo el día juntos.

Pero estos días son muy familiares y me recuerdan a cuando vivía en casa de mis padres, antes de irme a estudiar. Aunque, en realidad, son un poco diferentes también, ya que en estos momentos mi madre está trabajando y estoy sola por las mañanas con mi padre. Es una especie de justicia poética, ya que es como si recuperáramos el tiempo que no pudimos compartir cuando yo era pequeña, ya que trabajaba muchas horas y nos veía poco.

Toda la vida se ha desvivido por darnos lo que necesitábamos y por asegurarnos un futuro mejor que el suyo (tanto él como mi madre, pero ella merece un post para ella solita que ya haré), por eso trabajaba 12 horas al día y al volver a casa sólo tenía tiempo para dormir, comer y estar un ratito con nosotros. Como es normal, sacrificó vivir la infancia de sus hijos por asegurarnos una serie de comodidades y de facilidades que nunca le podremos agradecer.

Tiene pocos recuerdos con nosotros, se perdió momentos importantes, por eso creo que ahora se desvive tanto con el peque. Ahora que ya no somos pequeños y tiene tiempo, está viviendo cosas con Sobri que no pudo vivir con nosotros: lo consiente tanto que es su favorito con diferencia, jeje. He aquí mi faceta de tía celosilla que querría al peque para ella sola. 😉

Desde septiembre más o menos, cuando me vengo a casa de mis padres intento que también esté Sobri y que mi padre venga a recogernos a los dos. Así, mi padre puede disfrutar de hija y nieto y hacer cosas con él que no pudo hacer conmigo, y yo puedo compartirlas con los dos. La verdad es que me gusta mucho ir a comprar con ellos solos, meter a Sobri en la cesta y ver cómo se ríe cuando mi padre lo arrastra, pasear con ellos, que mi padre lleve a Sobri delante de mí mientras yo llevo el carro, dormir a Sobri en el sofá a mi izquierda y que mi padre se siente a mi derecha y me pase el brazo por detrás del cuello, de forma que nos abraza a los dos. Me gusta y me emociona.

Quiero a mi padre con locura y nunca le podré agradecer todo lo que ha hecho por mí, sobre todo haberme dado un ejemplo de nobleza, lealtad, responsabilidad, transparencia y amor incondicional. Por eso no hay nada que desee más que poder darle algún día un nieto o una nieta para que pueda darle tanto amor como a mí y a Sobri. Tendrá mucha suerte de tener un abuelo que daría la vida por él.

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