Nuestro parto

Nuestro, sí. Mío, de mi marido y de nuestro hijo. Porque fue el mejor día de nuestras vidas, aunque no fuera el parto soñado, aunque fuera una cesárea programada, aunque el postoperatorio inmediato fuese horrible. Aun así, fue el mejor día de nuestras vidas: Guillem nació y mi marido y yo nos enamoramos de por vida de él.

El día 1 concretamos que el día 2 me sometería a cesárea. El día 2 ingresé a las 8 de la mañana, me pusieron la vía, me sondaron y me rasuraron, ya que no sabían a qué hora entraría en quirófano. Las dos horas que estuve en un box del paritorio me acompañaron, turnándose, mi marido y mi madre. Desde que entré me invadió una mezcla de felicidad, miedo, ilusión… que se materializó en forma de lágrimas, compartidas por mi madre. Iba a ser el día más feliz de mi vida pero estaba a punto de entrar en quirófano para someterme a una operación mayor: no tenía por qué salir nada mal, pero siempre hay riesgos. Riesgos para mí y para el peque, soy consciente de ello. No volveré a justificar mi elección por la cesárea. Lo decidí así y, sabiendo lo que he sufrido después, lo volvería a hacer.

Hacia las 10 me subieron a quirófano. La anestesista y el equipo sanitario se presentó y me hizo sentir muy bien. Entramos en quirófano, la anestesista me explicó paso a paso lo que me estaba haciendo, se lo agradezco porque me tranquilizó muchísimo. No noté el pinchazo, ni me dolió. Pronto dejé de sentir las piernas, aunque es una sensación rarísima, porque sí que notaba lo que me hacían. El personal hizo apuestas sobre el peso del niño, la que más se acercó dijo que 4.300.

Perdí la noción del tiempo, no recuerdo qué me hicieron, sólo sé que notaba cómo me abrían y que en pocos minutos mi hijo lloraba a pulmón. En ese momento supe que nos había salido un niño con carácter, y así está siendo. Me puse a llorar con él: por fin tenía conmigo a mi pequeño, fue el mejor momento de mi vida hasta que pude tenerlo encima de mí. Me lo enseñaron y se lo llevaron rápidamente: era precioso. Volvieron unos minutos más tarde: pesaba 4.430 y medía 55’5, nos había salido un bebé grandote, como indicaban todas las ecografías desde la semana 20. Me lo pusieron al lado de la cara y le di su primer beso. Aún lloro al recordar ese momento. No, no fue un parto vaginal, no lo tuve encima enseguida, pero fue el mejor momento de mi vida.

A él se lo llevaron para que hiciera el piel con piel con su padre mientras a mí me cosían y me pasaba el efecto de la anestesia. Era un proceso relativamente corto, de menos de una hora, aunque no fue así. La cosa se complicó en la sala de reanimación. Todo empezó muy bien: las piernas empezaban a responder y al comprobar el sangrado parecía normal. Pero algo pasó: empecé a sangrar mucho más de lo normal. Las enfermeras me apretaban la barriga para comprobar la cantidad de sangre que salía hasta que llamaron a las médicos de la cesárea. Subieron ambas y me hicieron rabiar del dolor de tanto apretar, ya que ya me había pasado el efecto de la anestesia.

Estuve 5 horas allí, aunque yo no fui consciente de ello hasta que salí y me dijeron que eran las 3 de la tarde. En un momento determinado, empecé a sentirme mal, no sé si porque estaba desnuda y perdí calor, por la medicación que me pusieron (un par o tres de pinchazos y lo que iba por la vía) o por la pérdida de sangre, pero tuve convulsiones. Me pidieron reserva de sangre y ahí empecé a preocuparme muchísimo, aunque al final no hizo falta para nada. Tras las convulsiones entró mi madre, que estaba desesperada tras tantas horas sin saber nada de mí y temiendo lo peor. Según los médicos, tenía el útero muy grande y de ahí que sangrara más de la cuenta, que a veces pasaba. Estaban todos pendientes de mí y eso no tranquilizaba mucho, la verdad. Y yo sólo podía decir: “Mi hijo pensará que no tiene madre” una y otra vez.

Pero al fin me estabilicé y mi útero volvió a la “normalidad” y el sangrado, por tanto, también. Habían pasado 5 horas y, por fin, llegué a la habitación para estar con mi marido y mi hijo. Mandamos a nuestros padres a comer y disfrutamos de unas horas solos dando la bienvenida a nuestro hijo, a nuestra nueva familia.

Y sí, incluso tras esas 5 horas volvería a decidirme por una cesárea, porque mi hijo nació perfecto y eso era todo lo que yo quería. Ahora yo sigo recuperándome y disfruto de él como si lo hubiera tenido toda la vida conmigo: ya no recuerdo cómo era mi vida sin él, lo miro y es como si lo conociera desde siempre.

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10 thoughts on “Nuestro parto

  1. Que bonito tiene q ser verlo por primera vez, cúmulo de sensaciones únicas que quiero imginar pero que hasta qje no lo viva no sabre realmente lo que se siente. Que susto con la hemorragia nena pero lo importante es que estan los dos ahora maravillosamente bien. Lo de que Guillem tiene caracter es algo que se veia venir desde que estaba en la tripa jejeejj. Besotesss

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    1. Es muy bonito, aunque lo será más en un parto vaginal que vaya bien, ya que te lo disfrutas sin restricciones. Yo lo vi unos segundos y un par de minutos. Eso sí, después recuperé el tiempo perdido y todo el primer día lo tuve encima de mí.

      Sí, sí que se veía venir, y tiene mucho carácter y la voz muy potente, jeje. Eso lo ha sacado de mí. XD

      Muaaaaaaaaaaaaaaaks!

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  2. Vaya con Guillem!! Un bebé hecho y derecho!! Te lo he comentado anteriormente y te lo vuelvo a decir, celebro tu maternidad sea como sea…eres una mujer fuerte y tienes un bebé precioso y sano, qué más se puede pedir! Hemos coincidido, yo hoy he publicado mi parto, que fue vaginal y sin complicaciones, pero nada de eso nos hace menos madres y estar menos enamoradas de nuestros hijos. Ahora a disfrutar de tu peque!! Besosss

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  3. Te pasó casi lo mismo que a mi…atonía uterina, mi útero tampoco supo contraerse solo, yo estuve 7 horas sin mi hijo, aunque a mi si que tuvieron que ponerme dos bolsas de sangre y estuve a punto de entrar en quirofano a que me extirparan la matriz, porque no paraba el sangrado…leerte me lo ha recordado, y no puedo dejar de llorar, mi parto fue el mejor día de mi vida y tambien el que mas miedo he pasado. Las compensiones manuales en la barriga…ufff que dolor. Eso si por lo que he leido a ti te respetaron la lactancia mas que a mi, cuando yo conocí a mi hijo, ya le habían dado 3 biberones…un desastre…en fin, me alegro que todo fuera bien. Un abrazo

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    1. Siento mucho que te pasara, cielo. Yo lloro cuando lo recuerdo. Cuando tuve las convulsiones pensaba que me moría, ese momento fue horroroso. Y los apretones de barriga… no recuerdo un dolor igual.

      Permíteme una pregunta: ¿cómo fue tu cuarentena? Es que yo cumplí ayer los 40 días y tras toda la cuarentena yendo a menos y estar la semana pasada con manchado marrón, hace un par de días que tengo sangrado rojo aguado.

      Besazos!

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      1. Pues la cuarentena un horror, y se me juntó el final de la cuarentena con la primera regla, y pasé de casi no manchar, ya tono marroncito, a un poco rojo, y dos días después regla a tope, nunca había tenido una regla tan abundante, las compresas me duraban hora y media, y me duró casi 10 días, y mas de 3 meses con anemia, y hasta los 4 meses no pude hacer ejercicio porque de los apretones en la barriga y todo, tenía bastantes órganos inflamados. Un beso

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      2. Yo he estado sangrando y manchando toda la cuarentena. De hecho, llevo unos días manchando, aunque muy poco, sangre roja aguada, aunque a veces no es tan aguada, pero mancho muy poco. He pensado si sería la regla porque como por las noches el peque mama poco igual hace el amago de bajar pero no baja del todo. No sé. Yo anemia creo que aún tengo, porque me canso mucho, y eso que llegué al parto con exceso de hierro. El miércoles tengo la revisión del postparto, así que supongo que allí me aclararán lo del manchado de estos días y lo del hierro.

        Yo hago vida relativamente normal, aunque me canso muchísimo y no puedo agacharme. La barriga me la noto bien, sólo algún pinchacito interno y molestias al tacto justo encima de la cicatriz, y eso que el peque pesa mucho y me carga la zona.

        Muchos besos, cielo.

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