En el hospital

Al tratarse de una cesárea programada, mi marido y yo llegamos a las 8:30 al hospital. Me hicieron pasar a una habitación del paritorio, me desvestí, me puse una de esas batas tan horribles y me monitorizaron. Me pusieron la  vía, me rasuraron y entró mi marido. Mis padres llegaron hacia las 9 y mi madre entró un rato mientras mi marido y mi padre iban a tomarse un café. Mi madre y yo lloramos, nos mirábamos y sólo podíamos llorar: las emociones y los sentimientos afloraban. Volvió mi marido y salió mi madre: me despedí de ella. Un poco antes de las 10 me subieron a quirófano. Mis padres estaban fuera esperando pero no los vi, así que no pude ni besar a mi padre. Mi marido me besó antes de entrar al quirófano.

Nuestro parto podéis leerlo aquí: Nuestro parto.

Aunque había perdido  mucha sangre tras la cesárea, por lo que entendí mi cuerpo seguía con una cantidad prácticamente normal. Este imprevisto me hizo estar separada de mi hijo y de mi marido demasiadas horas. Sólo recuerdo que repetía: “Mi hijo creerá que no tiene madre”. 5 horas después me volvía a reunir con ellos. Con ellos, con mis padres (que estaban tan preocupados que mi madre entró a la sala de reanimación a verme) y con mis suegros. Nos dejaron solos a mi marido, a mi hijo y a mí.

Mi hijo dormía. Se había cansado buscándome en el pecho de su padre y al final le dieron una jeringa de leche porque estaba hambriento y cansado. Tan cansado y aletargado que se pasó el día durmiendo y, claro está, sin agarrarse a mi pecho. Me puse al peque encima y así estuvimos durante todo el día y durante toda la noche piel con piel, recuperando el tiempo perdido. Seguía sin cogerse, pero tampoco pedía comida, así que creo que no le dimos suplemento o le dimos otra jeringa, la verdad es que no me acuerdo.

No pude beber nada, porque comer no comí hasta el día siguiente, hasta las 6 de la tarde. Empecé con agua, después un caldito y antes de dormir un zumito. A partir de ahí, dieta blanda.

El día de la operación fue un día tranquilo, sólo vinieron a vernos mi hermano, mi cuñada y Sobri, y el hermano de mi marido y su novia. En realidad tampoco tuvimos muchas visitas en el hospital, alguna al final del día, pero rápidas, así que no se nos hicieron para nada pesadas.

El segundo día me hicieron levantarme de la cama, lo hice con la ayuda de dos auxiliares y reviví, multiplicado por muuucho, lo que sentí cuando me operaron de apendicitis. Me dolió levantarme, también caminar hasta la butaca, y sentarme. Me dolió todo.

Intenté ponerme al peque, ya despierto y muy activo, al pecho, pero no se cogía. Ni la matrona ni las enfermeras consiguieron ayudarme: me ponían el peque al pecho, lo cogían y lo apretaban. El peque seguía sin agarrarse. Le dimos una jeringa pequeña para que tuviera hambre y ver si se enganchaba, pero no. Llegó la noche. La peor noche de mi vida.

El  niño lloraba desconsolado, sin descanso. Lo probamos todo, pero era hambre. Al final le dimos una jeringa más grande y durmió unas horas. Pero hasta entonces pasaron unas cuantas horas, unas horas larguísimas y horribles. Las peores de mi vida. Es muy duro ver a tu hijo recién nacido llorar desconsolado, con hambre y sin poder alimentarlo cuando tendrías que poder. Me sentí mala madre, llegué a pensar que mi hijo no iba a quererme por lo que estaba sufriendo, porque no podía darle lo que necesitaba. Yo, su madre, sin poder alimentar a mi hijo, que dependía de mí para sobrevivir.

Él lloraba de desesperación y yo lloraba con él. Las enfermeras del turno de noche tampoco ayudaron mucho: me trataron como a una vaca lechera, lo amorraban a mi pecho y les daba igual que ambos llorásemos, me intentaron sacar el pezón con una especie de jeringa, me dolió muchísimo y no dio resultado: el peque estaba tan desesperado que no se cogía. Al final le dimos la jeringa y se durmió, fue el primer y único día que durmió lejos de mí: durmió en la cunita y yo no pegué ojo porque no podía verlo y estaba intranquila. No pudimos dormir juntos porque no nos entendimos, estábamos tan cansados y frustrados que no lo conseguimos.

El tercer día llamé derrotada a mi madre, sólo había conseguido dormir media hora, me sentía mala madre y estaba cansadísima. Le dije que me rendía, que le iba a dar biberón al niño, que no podía oírlo llorar como la noche anterior, que era superior a mis fuerzas y que había sufrido mucho y yo lo último que quería era hacerlo sufrir, y lo estaba logrando: había perdido 500 gramos, más del 10% en menos de 48 horas.

Por suerte para nosotros, la matrona de esa mañana nos ayudó a salvar nuestra lactancia. Me dijo que no me rindiera, que mandara a mi marido a por pezoneras y que probaríamos la lactancia mixta. Pero no hizo falta. Guillem se cogió a las pezoneras como si no hubiera un mañana, me sacó todo el calostro y en menos de 12 horas me subió la leche. No hizo falta suplementar con nada. Por la noche no pidió mucho, pero es que es un niño de alta demanda durante el día y que duerme muy bien y durante largos períodos durante la noche. (Si quieres leer más sobre nuestra lactancia, puedes hacerlo aquí).

El viernes, 72 horas después de la cesárea, nos dijeron que nos daban el alta ese día, que el peque había subido 50 gramos y que salíamos con menos del 10% de pérdida. Yo también estaba bien, así que no había ningún motivo para seguir allí. A mí me pareció poco tiempo al tratarse de una cesárea y de haber sangrado tanto, pero me alegré porque quería decir que estaba todo bien.

 

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8 thoughts on “En el hospital

  1. Eres una campeona!!!!! Y todo esto nos sirve a las demas para estar al loro y a tí en el siguiente hijo!! Al final hay que intentar aprovechar todas las cosas, y muchas de las veces de las malas experiencias se aprende. Y claro que no fuiste mala madre, sino primeriza, dolida de ver a tu hijo llorar y de estar rodeada de matronas ineptas!! Menos mal que una te ayudó!!!!!

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    1. Gracias, guapa! Lo pasé mal, sí, pero visto en perspectiva valió la pena: ahora el peque mama que da gusto.

      Matronas hubo dos excelentes. A la tercera ni la vi porque estaba en una urgencia y no llegó a subir. Lo peor fueron las enfermeras y auxiliares, la verdad. 😉

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  2. Hola guapa! Te he estado leyendo estos días aunque no te haya comentado. Siempre me siento muy identificada contigo así que me he decidido a hacer una entrada yo también, jeje. En fin, que no sé si te había felicitado por la llegada de tu grandullón pero por si acaso… ENHORABUENA! Muchos besos!

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    1. Al mío sólo una jeringa pequeña para ver si al salir yo se animaba, pero estaba tan cansado que se durmió y no hubo manera. Fue tan frustrante… los tres, el peque, mi marido y yo, lo pasamos fatal, pero ahora disfrutamos de verlo mamar y el peque disfruta enganchado a mi pecho. Fueron momentos muy difíciles, pero gracias a las pezoneras estamos perfectos! :*

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