Primera provocación al huevo

Como ya sabéis, al peque le diagnosticaron alergia al huevo y al plátano en julio, aunque lo del huevo lo sospechábamos (aunque no quisiéramos creerlo) desde marzo, que fue cuando tuvo la primera reacción. Es cierto que intentábamos buscar otra explicación a lo ocurrido y otros culpables como el tomate o unas toallitas. Pero no, era el huevo, y yo en el fondo lo sabía. ¡Con lo que le gustaba comerlo, que hasta se chupaba los dedos! Y en julio, tras tres reacciones y una gran insistencia por nuestra parte, la pediatra nos derivó a Alergología.

En julio le hicieron las pruebas y nos dijeron que en octubre nos llamarían para hacerle una provocación al huevo horneado. Por si no lo sabéis (yo era una completa analfabeta en lo que a alergias alimentarias se refiere), son las proteínas de los alimentos las que provocan la alergia, y en la mayoría de los casos estas proteínas son termosensibles, lo que se traduce en que “desaparecen” con el calor. En el caso del huevo, es así menos con el ovomucoide, que no es termosensible, por eso dar negativo en ovomucoide ayuda a que la alergia tenga un buen pronóstico. En el caso de nuestro hijo, en piel da negativo, ya veremos si en sangre también. Aun así, un buen pronóstico es sólo una ilusión, no quiere decir que vaya a superar la alergia (se nota que no quiero hacerme ilusiones, ¿verdad?).

Pues la semana pasada nos llamaron para la provocación al huevo horneado y nos plantamos en el hospital con un bizcocho casero. Sinceramente, yo sabía que no íbamos a salir de allí con la provocación pasada, pero había que intentarlo. Y es que mi niño no es muy amante de los sólidos, donde esté su teta que se quite lo demás. Si a eso le sumamos que la provocación es en el hospital y que desde la revisión de los 12 meses llora cuando ve a un médico o enfermero, pues vamos mal. Pero es que si a eso le sumamos que deciden hacer las provocaciones en la sala de juegos de la planta de pediatría, vamos peor. Y ya empeora mucho la cosa cuando hay dos niñas jugando y a mi hijo si hay otros niños ni la teta lo tienta.

Y así me vi intentando obligar a mi hijo a comer bizcocho mientras él me huía, cerraba la boca y apretaba los dientes para evitar que mis dedos le tocaran casi la campanilla. Lo intenté unas cuantas veces y al final me di por vencida. Entonces probé a dárselo con agua, pues cuando notó las migas dejó el vaso y después miraba y no cogía el que tenía migas. Después probé a camuflárselo enganchado a un gusanito y tampoco. Y ya llamé a la pediatra y le dije que no había manera, que lo dejábamos estar. Provocación fallida.

Teníamos cita y analítica en diciembre, pero nos lo han cambiado para abril y marzo, respectivamente, así que nos toca seguir sin nada de huevo hasta, mínimo, marzo. Y ya os digo que con lo mal que salí del hospital no me apetece enfrentarme a otra provocación, ya que me sentí muy mala madre por obligarlo a comer.

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