Criar en la jungla

Perdonadme por estar tan ausente estos meses, pero es que la llegada de una cría siempre lo pone todo patas arriba, ya lo sabéis. Y, claro, hemos decidido criarlo en libertad y no ponerle puertas al campo, y eso ha implicado adaptar la casa a sus necesidades de pequeño salvaje.

Lo primero fue llamar al carpintero para que quitara las puertas. En mi casa no hay puertas, pero sí lianas. Lianas, sí. Puertas no, ni una. Esto último es algo necesario para lo primero, ya que con puertas es mucho más difícil moverse por la casa con lianas. Porque… ¿qué es una jungla sin lianas? ¿Qué es un salvaje sin lianas? No podíamos privarlo de saltar de rama a rama.

Y, ojo, si nos veis en un restaurante, huid. Lo mejor que os puede pasar es que el tarzán de mi hijo os salpique con el agua que habrá llenado de comida, a ser posible previamente masticada y cogida con las manos (nota al pie). Como buenos salvajes tampoco tenemos cubiertos. Comemos con las manos y cortamos con cuatro piedras afiladas que también nos sirven para salir a cazar la que será nuestra comida. Porque en la jungla no hay supermercados. Lo bueno es que se me va a criar un salvaje tan fuertote que cuando su madre esté necesitada podrá llevarla en brazos de liana en liana. La única pega es el dineral que nos cuesta mantener la casa con una humedad decente para que las plantas vivan y los animales puedan estar a gusto, pero todo sea por criar a nuestro hijo en libertad y sin norma alguna, lo que viene siendo un niño de la jungla, vamos.

Lo de no enseñarle normas le ha afectado al lenguaje y se comunica como sus hermanos los monos: con sonidos raros y alguna seña. Que no os extrañe verlo quitando piojos a cualquier cosa, persona o animal. Él es así: libérrimo y salvaje. 

Pero lo peor de todo… ¿sabéis qué es lo peor de todo? Que nos ha salido un salvaje antipático que no suele besar. Pobres amantes del buen comportamiento que obligan a las criaturas a besar si ven a mi tarzán girar la cara cuando alguien va a besarlo… Les da un patatús, pobres. Pero, claro, ¿qué podemos pedirle a un pobre bebé criado entre monos y lianas?

Si después de leer esto aún no tienes ganas de criar a tu niño en la anarquía más absoluta, piensa que vas a conseguir que se convierta en un niño malcriado, malo y molesto. Porque todos sabemos que tratar a un niño como a una persona con sentimientos, pensamientos e iniciativa propia es una barbaridad y hará de él un pequeño dictador.

Yo que tú ni me lo pensaba: elige criar y no educar. Quizá tu niño se despeine, se ensucie, llore, se enfade, grite, corra en un restaurante, juegue por la calle, te pinte una puerta… Quizá tu niño sea simplemente eso: un niño. Un niño feliz y seguro de sí mismo. Y, oye, que también está lo que te ahorras en ropa, que esto de ir con las tetas y los huevecillos colgando es barato y maravilloso. Y si alguien necesita algún animalillo de jungla quizá lo podemos cambiar por algo que nos interese a nosotros, como por ejemplo una piedra para hacer fuego. Razón: aquí.


Nota al pie: mi bebé mete comida en su vaso y después se bebe el agua. Es así, le gusta, es feliz y no le hace daño a nadie. Lo ha hecho en restaurantes. No ha salpicado a nadie, pero seguro que más de uno se lo merecería. Nada más que añadir.


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2 respuestas a “Criar en la jungla

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